En Misiones, investigadores del CONICET usan residuos
foresto-industriales y especies alternativas, como la
moringa, para obtener fibras que mejoran los productos
en la escala industrial.

Por Cecilia Fernández Castañón. CCT Nordeste.

ASPI: Publicamos esta nota para expresar nuestro repudio
al recorte del Gobierno NAcional del 60% a la Ciencia.

El uso eficiente de los recursos naturales es fundamental
para lograr procesos que sean económicamente rentables y
ambientalmente compatibles. La nanocelulosa – material que
se obtiene en base a las unidades estructurales más sencillas
de la materia vegetal – está generando una revolución en
diversas industrias y constituye un recurso clave para la
bioeconomía en regiones donde la actividad forestal es una
de las principales fuentes de ingreso de la población.

Un grupo de investigadores del Instituto de Materiales de
Misiones (IMAM, CONICET – UNAM), trabaja en el desarrollo
de nanofibras de celulosa obtenidas a partir de residuos
foresto-industriales de especies tradicionales, como pino
(Pinus elliottii y Pinus taeda) o eucaliptus (Eucalyptus
grandis), así como también de otros cultivos alternativos
que están en expansión, como la moringa (Moringa oleífera),
un árbol originario de la India que se cultiva en Misiones.
Estos recursos podrán ser empleados en la fabricación de
papel, aumentando su resistencia y generando procesos más
amigables con el ambiente.

Los usos de la nanocelulosa son múltiples y van desde la
fabricación de materiales para automóviles hasta insumos
médicos. Los trabajos que se realizan en el nordeste del
país apuntan particularmente al papel. “Estudiamos la
potencialidad de las nanofibras para reforzar papeles,
particularmente los marrones que se utilizan para embalaje,
que son los que representan el mayor volumen de producción
de la industria papelera”, explicó la investigadora
independiente del CONICET en el IMAM y responsable del
Programa de Celulosa y Papel (PROCYP), María Cristina Area.

El desarrollo de nanofibrilas de celulosa en Misiones
comenzó hace 3 años, con estudios basados en materiales
como el aserrín de eucaliptos y del bagazo de la caña de
azúcar, es decir, desechos de cultivos extendidos en la
región. Después de ese punto de partida, se iniciaron
distintas líneas de estudio que buscan identificar la
potencialidad de las especies y diferentes aplicaciones
de las nanofibras.

“Una de las fortalezas de estas nanofibras es que, a
diferencia de otras nanopartículas en base a carbón que
también se están estudiando, son completamente biodegradables.
Son de origen orgánico y se obtienen a partir de recursos
naturales que son muy abundantes en nuestra región, por lo
que su potencialidad es enorme”, destacó la investigadora
adjunta del CONICET en el IMAM, María Evangelina Vallejos.

Actualmente, uno de los trabajos del Instituto estudia el
potencial de la moringa, un cultivo que se está extendiendo
en la región. Los frutos del árbol se usan para la producción
de aceite, mientras que las hojas se secan y se exportan a
países europeos, donde son reconocidas sus propiedades
medicinales. Pese a que tiene un crecimiento muy rápido,
la madera no puede ser aprovechada para la fabricación de
papel por su baja densidad, pero si es útil para la obtención
de nanocelulosa.

En los primeros ensayos, que ya fueron publicados en revistas
científicas y expuestos en congresos internacionales por la
becaria doctoral Julieta Benitez, compararon las nanofibras de
moringa con las obtenidas a partir de aserrín de eucalipto y
verificaron que las propiedades son similares. “Un factor
interesante es que para obtener las nanofibras de moringa se
utiliza mucha menos energía, lo que abarata el costo de
producción. La idea final es que esta propiedad que estamos
probando permita que la moringa se convierta en un cultivo
alternativo de rotación en la región”, explica Area.

Para obtener la nanocelulosa, los materiales de origen son
sometidos a procesos químicos y mecánicos que permiten
desestructurar las fibras y llegar a la escala nanométrica,
un nivel imperceptible a simple vista, que equivale a la mil
millonésima parte de un metro. El resultado es unhidrogel,
que es el que contiene las nanofibras.

Otro de los proyectos que desarrolla el grupo busca obtener
el hidrogel a partir de aserrín de pino. En los ensayos del
trabajo, que está a cargo de la becaria doctoral Nanci Ehman,
buscan identificar si se obtienen mayor refuerzo al incorporar
las nanofibras a la preparación de la pulpa o bien aplicándolas
superficialmente sobre el papel.

El uso de residuos como materia prima y la disminución en el
consumo de energía para su fabricación convierten a la
nanocelulosa en un recurso fundamental para aumentar la
sustentabilidad del proceso de producción de papel.
“El objetivo final es brindar otra herramienta para completar
el círculo de la biorrefinería a pequeña escala y permitir
conformar PyMEs que, en base a una materia prima barata como
es el aserrín, puedan fabricar las nanofibras y venderlas a
las empresas que fabrican papel. Eso permite no solo sumar
valor agregado sino también atender la cuestión ambiental,
aprovechando al máximo los recursos naturales y minimizando
la generación de desechos”, concluye Area.

 

Sobre investigación:
– María Cristina Area. Investigadora independiente. IMAM.
– María Evangelina Vallejos. Investigadora adjunta. IMAM.
– Julieta Beatriz Benítez. Becaria doctoral. IMAM .
– Nanci Vanesa Ehman. Becaria doctoral. IMAM.

Fuente: Cientificos Argentinos 

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